Un Popper son tres orgasmos

El Popper es el afrodisíaco gay, uno de los mayores estimulantes de la erección masculina que transforma a los machos en máquinas de follar.

Su uso se deja a elección de las parejas que experimentan sensaciones superiores, o a individuos refugiados en la eterna búsqueda de un sexo libre, con revoluciones absurdas y orgasmos elevados por tres.

Hoy lo uso y lo conocí hace un par de años, ahora lo frecuento más, pues todos los días soy más sexual, todos los días tengo erecciones y todos los días pienso en follar.

El porno y el Popper estas semanas me resultan muy bien. Da por casual que la temperatura en la ciudad aumentó y en las noches antes de dormir siento erecciones avivándose dentro de mí.
Combino los gemidos con este, eyaculo con sensaciones extremas de mi sangre fluyendo y estoy alerta en todos los sentidos, mientras escucho… huelo… saboreo… palpo y veo lo que es de mí siendo un hombre disfrutando de un buen sexo.

Es un soplo transformado en múltiples orgasmos, un instante en carne viva en el que regar semen da por satisfechas todas las ansias, y que podría repetir cada noche con la testosterona de un macho gay a la mitad de sus veinte.

Me ha elevado varias veces el clímax, logrando ser un compañero de batallas. No prescindo de él en mis luchas solitarias, o en algunas faenas con otros hombres que contemplan mi irreverente culo.
Al son en que me comen, por dentro reinvento mi existencia… dejo que tras soplar un poco de Popper se me atraviesen los sentidos, y se devoren mi conciencia.

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  • #GAY
  • hace 1 mes

Una chupadita a la gloria

De las relaciones estables envidio la constante celebración de fechas especiales; el día del novio, el día del otro, el primer beso, la primera pelea o el primer gato adoptado. De mis relaciones fugaces admiro la renovación de emociones extremas que se da tras cambiar siempre las cualidades de un amante.

Es así como recuerdo la historia de hoy, que se enmarca en el baño de un edificio público, y que me supo a gloria por ser la primera vez que sentía la sensación de ser expiado mientras jugaba con otro hombre, y con nuestros penes afuera.

…Era la mañana de un sábado, que pintaba ser igual al resto de los demás. Un baño a las once, televisión a las doce, y almuerzo por la tarde. Mi familia no estaba, así que la rutina podía cambiar. 

Recordé cierta historia de cierto lugar que se refería a la dinámica de los encuentros masculinos al interior de sus baños. Hacía un par de semanas me habían invitado, para dejarme llevar por la emoción de sexar en lo público, y esa vez sólo dije no.

El compañero con el que planeé el juego me esperó a la entrada del palacio de los orgasmos. Ambos en igualdad de condiciones caminamos queriendo encontrar un baño para eyacular acompañados. De todos los pisos elegimos los impares, con escalas para hablar en las terrazas que miran a la ciudad.

En el primero no hubo luz verde, otros hombres estaban cerca, algunas familias también y seguimos adelante buscando otro lugar. En el segundo tampoco, pero en el tercero sí fue.

Él bajó su pantalón y me mostró su hombría mientras se empezaba a masturbar. Hice lo mismo siguiéndole el ritmo, y luego de eso bajó su cabeza hasta lo más íntimo de mí y humedeció sus labios para darme lengüetazos y quedarse inmerso en mi verga mientras crecía dentro de él.

No nos besamos, y mientras él quiso drogar el resto de sus sentidos, yo usé mi gusto para excitar los míos saboreando lo que había puesto frente a mí.

Fueron pocos minutos, pues el temor de ser atrapados aceleró el movimiento de fluidos y uno después del otro botó la crema del día sobre un piso que ya estaba manchado.

No hubo sincronía de orgasmos, no hubo un beso final, no hubo romance o conexión especial, pero sí una adrenalina única que compartimos un medio día, de algún sábado.

Salí caminando de vuelta a casa, con la entrepierna húmeda y temblando todo por dentro. La arrechera ya bajaba y la satisfacción estaba plena en mí, pero lo disimulé con una sonrisa que sólo yo pude entender, pues a esa hora ya le había dado una chupadita a la gloria.

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  • #Gay
  • hace 2 meses

Follar con desconocidos

En mi travesía por divertir la sexualidad he llegado a la estación de follar con desconocidos. Es una curiosidad que todos tenemos y queremos experimentar, y que se cruza por nuestras mentes en el bus, en el metro, en la calle, en la iglesia o en la oficina.

Por donde vivo nunca he sentido un deseo de experimentar un cruising adolescente, hasta cierto día en que uno de esos tipos rastreadores de contactos habló a mi celular, haciéndome una invitación a una paja casual.

Me dije sí, sin darle importancia a la hora, al día, a lo que hacía o veía en la televisión. Me puse unos jeans, una camiseta, un par de tenis y me despedí de los que estaban al lado con la excusa de ir a caminar.

Titubeé un par de cuadras, pero me decidí a seguir. Lo llamé cuando estaba cerca y sentí en su voz una respuesta seca, débil y sin ánimo, pero estando ahí no había vuelta atrás.

Llegué a su casa, que en realidad era la de su familia, y luego de decirnos “hola” nos invitamos a continuar la presentación en su habitación. 

El lugar era pequeño, ordenado y sigilosamente preparado para demostrar que no era cualquier lagarto el que se adueñaba el espacio. Me quité la ropa, y noté en la manera como me miraba que no quería que me quedara más de media hora.

Supuse que esperaba a alguien, y de acuerdo a mi ley inmutable de no follar acelerado, me predispuse únicamente para eyacular tras una masturbación. 

Él tenía un cuerpo trabajado, joven y maduro al mismo tiempo, y tan masculino que me recordó a otro hombre con el que llegué a estar. En un par de ocasiones rechazó mis labios, y sentí que esa distancia no fue prudente viniendo del anfitrión. 

Entonces hice lo que mejor sé hacer, poner mi boca sobre su miembro buscando que bajara la guardia, pero la única reacción fue la de avivar la erección. 

En conjunto era lindo, separado también. Empezó a juguetear con sus dedos entre mis piernas, y sin advertir sentí dos de ellos dentro de mí. 

Entendí que quería que todo pasara rápido, pero sin gusto porque fuera así, lo detuve y vi en su rostro cómo fruncía el ceño.  

-¿Entonces a qué vino?

-Acuérdese a lo que vine. (No era follar)

Por el encierro y el poco aire, el sudor corría sobre mí más de lo normal. Yo eyaculé sobre su brazo que aún estremecía su verga con velocidad y al rato él sobre mí pecho, se derramó ante mí con un quejido que clasifico dentro de lo normal.

Su líquido fue inconsistente, quiso ser una marea que inundara los bordes de mi piel, pero ni eso alcanzó y se quedó con las ganas terminando untado en su totalidad en el papel de su baño.

Me puse la ropa, pedí un vaso de agua, tomé un trago, le dije adiós y salí de esa casa con la convicción de no querer volverlo a encontrar.

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  • #gay
  • hace 2 meses

Estoy en un nuevo nivel… Superior a la promiscuidad

Siempre he pensado que el primer filtro para conocer a alguien se da analizando una fotografía de su pene. Es algo banal, trivial pero a la vez divertido, y deja ver la confianza que deposita cada hombre en su miembro como carta de presentación a los demás. 
Hace unos días me contacté con un nuevo chico, 26 años, empleado de la burocracia, sexoso empedernido y con necesidades masculinas a flor de piel.
Programamos un encuentro para algún día, que resultó ser más pronto que las efímeras propuestas que se dan en cualquier chat. Acepté tras la presentación oficial de vergas, la suya resultó ser tentadora y ese mismo miércoles, luego de un largo día, nos exigimos ver.
Siendo más bajo que yo no le dí importancia a su estatura si no al tamaño del pene que tenía entre sus piernas. Primero nos tomamos una cerveza cerca al lugar en que trabajo, hablamos 30 minutos, (lo necesario), (su vida, la mía, el futuro… en fin…) -Conversar se convierte en la parte incómoda cuando lo que quieres es follar-. 
De reojo nos miramos esperando el impulso del otro para cambiar de lugar, así que terminamos las bebidas y él preguntó:
-¿Qué hacemos?
-Juguemos un rato. (y sonreí)
Caminamos a un motel, de esos del centro, uno de mala muerte con olor a sexo desde su entrada. ¿Cuántos hombres habrán percibido ese olor?, y ¿cuántos otros seguirán masculinizando la atmósfera de ese lugar?
Nos preguntaron si necesitábamos lubricante y condón. dijimos no (él tenía). Nos metimos al cuarto, un poco estrecho, una cama fría, como de un cuento en Rusia, sin lujos, con objetos básicos y una cama para follar.
A parte de la estatura, físicamente estaba bien, linda cara, linda sonrisa, cuerpo de Gym. 
Me quité la camisa, él la suya, y me arrastró a su boca presentándose otra vez, pero ahora desde lo sexual. Tenía los labios húmedos y calientes, luego se puso sobre mí, me quitó el pantalón, me dejó en ropa interior, con las piernas abiertas y se fue deslizando hasta abajo, hasta moderme sobre el boxer, hasta destruir la barrera moral, y hasta causarme una erección.
Jugamos a penetranos todavía con ropa, como seduciéndonos diez minutos sin parar. Luego le bajé el pantalón, lo dejé en ropa interior, y se lo quité cuando mi boca tenía sed.
Así fue como su pene empecé a chupar… se sentía tan rico, que cumplió todas las sensaciones que quería experimentar…. tenía un sabor como dulce, y entre veces salado, unos momentos era blando y otros totalmente duro, y yo feliz “de la pelota" chupándoselo una y otra vez.
Me preguntó si le dejaba venirse en mi boca y dije que jugáramos otro rato más. Cuando estábamos en calor, empezó a masturbarse sobre mí, sobre mi pecho, sobre mi culo… y sacó un condón.
Hasta hoy creo que la mejor manera de penetrarme es poniéndome encima del otro, esta vez fue raro porque me dolió como la primera vez, así que decidimos cambiar de posición. Me acosté, y mientras él me miraba yo me ponía más arrecho, me daban tantas ganas de que me comiera„, estaba que explotaba.
El tipo lo metió, se acomodó, y me dio tan rico que no quería que se acabara, me estaba masturbando, me penetraba, me pasaba la lengua por los labios y yo simplemente dejaba que me follara los sentidos.
El placer se concentró en un único lugar: mi verga. Le dije que me iba a venir y lo hice, se sintió glorioso. Él todavía dentro de mí, se mecía muy rápido y cuando ya estaba listo lo hizo también. 
Estábamos mojados, en silencio y vimos un tiempo televisión sin cruzar alguna palabra, mientras se le bajaba la erección yo lo manoseaba en su pene como jugando con plastilina caliente. Decidimos vestirnos, salir de la habitación, dejar todo en igual, en la atmósfera inicial sin vida que era ese lugar.
Caminamos un par de calles juntos, de nuevo sin interactuar, no estábamos aburridos o cansados, simplemente habíamos sellado un trato de no reconocernos fuera de contexto, fue ahí cuando entendí que había pasado de nivel, uno nuevo superior a la promiscuidad.
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  • #gay
  • hace 2 meses
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